Bryan SaavedraLa Ruta Calama – Cobija de Ayer y Hoy Bush in Action febrero 6, 2026 Huellas del patrimonio regional, Reportajes 36 Un antiguo camino, que unió distintas culturas desde las alturas cordilleranas hasta los aleros costeros, guarda vestigios del pasado carretero e indígena de la región de Antofagasta. Trayecto que ya no cumple esta función de conexión, donde se vive la incertidumbre y el riesgo de andar por esta parte del Desierto de Atacama. Por Equipo de Bush In Action Mucho antes del pavimento existía una ruta que comunicaba a Cobija con el interior del continente, pasando por Calama, donde una calle del mismo nombre del ex puerto boliviano, forma casi una línea recta hacia la costa. Ruta que ofrece la inmensidad de la nada, un terreno hostil entre los ríos Loa y San Salvador. No vuelan aves entre ellos y los kilómetros. Anteriormente existía un tráfico en este camino. El transporte de pescado era a cuestas de Cobija a Chiu Chiu, donde su traslado a provincias altiplánicas era facilitado por llamas. Escenario que cambiará en el siglo XVII con la introducción de la mula, impulsado por la Iglesia por su mayor resistencia y se convertirá en el complemento de la carreta, cambiando la sociedad indígena atacameña que tenía experiencia en este tipo de trajines. “El choclo fue incorporado acá por los incas. Y ellos hacían este trueque, les daban tres pesca- dos por un choclo. Imagínate el valor ya que tenían. Cosa importante, este camino, esta calle, esta ruta, nunca cambió de nombre. Y se sigue llamando Cobija”, cuenta Edilia Thompson, directora de la Biblioteca Pública Tomás Paniri. En 1825 Simón Bolívar decreta la fundación de Puerto Lamar en el antiguo puerto de Atacama La Baja, Cobija, con la idea de establecer una mayor población. Las tentativas de Bolivia para habilitar el camino Cobija-Potosí inician en 1827, chocando reiteradamente con las condiciones del trayecto. El libro Medianamente Chilenos y Exageradamente Antofagastinos de Jaime Alvarado, en el capítulo La Huella de Los Caravaneros, relata que hombres y animales tardaban 20 o más días de penurias llevando productos europeos hasta el altiplano, recorriendo unos 900 km de esta carretera. Fueron los “culíes”, esclavos traídos de Perú, los que abrieron la ruta Cobija-Potosí que, en 1869, en Calama se bifurcaba hacia Salta a través del “Camino de los Toros” y la “Quebrada Los Arrieros”, un esbozo del Corredor Bioceánico. Ruta que contaba con 20 pascanas, donde se atendía animales y viajeros para descanso y herraje. En Calama cargaban carretas enteras con pasto, y agua llevaba en obres, para seguir a Los Andes en una caravana capaz de vencer al desierto y la cordillera para unir los pueblos. En 1999, durante el Raid Calama-Cobija que recorrió esta ruta, uno de sus participantes, recuerda que había mulares muertos al lado del camino y montones de botellas de vino datadas entre 1850 y 1860, latas de sardinas inglesas y carritos de té, antiguos. Entre 1869 y 1877 en Cobija existió la fiebre amarilla. Para el 1885 tenía 429 habitantes. Ya en 1907 esa población fue prácticamente abandonada. Su expiración se vincula a la Guerra del Pacífico y maremoto del 9 de mayo de 1877 que echó abajo lo que había. CALLE COBIJA La calle Cobija nace en el centro de Calama y se dirige al oeste, dejando atrás el asfalto para pasar a ser un camino de tierra que conduce a los últimos locales de diversión y tomas vip. Hay basura en los bordes del camino que se cruza con complejos de paneles solares en un día ventoso, en el que el polvo se levanta con las aceleraciones de los vehículos, adelantándose de vuelta a Calama.Un poste ladeado desencaja en el horizonte. Avanzamos mirando un mapa de la investigación Cobija y sus vías de conexión con el interior de Atacama. Desde la Colonia hasta la Guerra del Salitre de la Revista Diálogo Andino, el cual detalla la línea de Calama que conecta con los tambos de Guacate, Miscanti, Chacance y Colupos para llegar a Cobija. “No podían irse más allá de esos caminos, porque con seguridad se perdían en el desierto y no tenían otro destino que no fuera la muerte. Por eso que siempre el refugio está asociado al camino”, explica Osvaldo Rojas, director del Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Atacama. El camino se ramifica avanzados los km por Cobija, desviándonos a Ojo de Opache, donde encontramos a Marco Ortiz, el último operador de la planta hidroeléctrica que envía energía a planta río Loa ENAEX, la cual funciona de 1928. “Soy el último operador porque trabajábamos dos personas acá, pero hay otra persona que ya jubiló”, cuenta Ortiz, quien espera hasta que cierre esta hidroeléctrica ubicada al costado de lo que fue el Camping del Pueblo, el cual funcionó con piscinas y quinchos que alguna vez recibieron a familias loínas, disfrutando de su cascada artificial que hoy se mantiene en total sequedad, mientras él reclama que el sector debería ser mejor cuidado, al considerarse un Santuario de la Naturaleza y ser el lugar donde se halla la ranita del Loa. En estos tiempos la ruta exige un vehículo todo terreno, es dificultosa, y se requiere cruzar un parque eólico de unos km con algunos desvíos que dan al río Loa, convertido en un gran acantilado, el cual es bordeado por un sendero serpentino en el punto que nos detenemos. El traer noticias nuevas, pedir consejos, tratar de explicar enfermedades. Todas son costumbres relacionadas con el ir y venir. Son cosas que se aprenden en otros lados y se aplican en las comunidades locales. “Calama siempre fue un punto de encuentro y un punto de recuperación en este largo sendero de los caminos, en el desierto, que llegaron hasta regiones amazónicas, y se han excavado acá en Calama y su entorno, un cementerio indígena de hace 2.000, 1.500 años atrás, donde encontramos plumas de loros tropicales, pieles de monitos”, detalla Rojas, quien considera que en la ruta están las secuencias del desarrollo humano. QUEBRADAS. El camino, después del parque eólico, lleva por este tramo entre dos quebradas. Hay algunas bifurcaciones hacia el río Loa. Pasando los molinos, comienza un camino al lado de una tubería tapada con tierra. Vía que llamamos camino oficial y que es secundada por otras. No sabíamos aún cuál sería nuestro destino. Habían lugares en los que, sí o sí, quedaríamos enterrados, o había que devolverse. Descendiendo por dos quebradas, pese al calor y la tierra, bajamos a indicar y trabajar en limpiar el sendero para el vehículo. Sorteada esta dificultad, volvimos al camino oficial en el que encontramos una herradura, restos de animales e incluso impresionante geoglifos al costado. Posteriormente pasamos por una casa de control de traslado de agua en absoluto abandono, que aún usan los ductos existentes, en la que sobresale una chimenea. Continuamos hasta que encontramos una naciente de agua que se apreciaba limpia y refrescante, aunque en el acto de acercarnos enterramos, completamente, las zapatillas en el barro. Desde ese momento el agua no dejó de ser una dificultad, ya que nos acercábamos al sector de Coya Sur, donde había que cruzar el río luego de andar unas cinco horas a 20 km. Descendimos para analizar la situación. Existía la posibilidad de tener que volver. COYA SUR Al cruzar el río a pie, antes de tocar tierra, nos da la mano Ricardo Molina, un viejo tocopi- llano a quien le contamos sobre el viaje. Recuerda que siguió esta ruta hace algunos años y que descendió hacia Cobija, pero por Gatico. Nos dice que podría ayudarnos a jalar el auto en caso de quedar estancado en la orilla. “Así a 20 kilómetros por hora. Le quedan por lo menos seis horas más hacia la costa para que lleguen”, nos alienta. Analizada la situación decidimos cruzar un puente que por poco se sobreponía al agua, porque no había más opciones y era la zona donde también, en 1999, había cruzado el Raid Calama-Cobija, impulsado por autoridades y empresarios para revivir esta ruta como alternativa al camino hacia Tocopilla, pero resultó ser solamente un gran paseo arriesgado que nos inspiró a cruzar, donde parecía que el barro, que estaba abajo del puente y la yesca que había ahí, lo mantenía a flote. El auto se podía ladear y caer al agua en el trayecto de su estructura, donde había una baranda, del mismo puente, casi atravesada. Las personas del balneario, compuestas por un curso de Sierra Gorda, gente de María Elena y Tocopilla, con quienes habíamos hablado en medio de sus asados, estaban pendientes de lo que estábamos haciendo. No sabíamos si íbamos a quedar atascados, o se iba a hundir el auto, o se iba a pegar con el puente en el chasis. Para eso usamos un durmiente que encontramos ahí mismo para nivelarlo. La despreocupación en ese momento descansaba en la fe. Comenzó a sonar “Eye Of The Tiger” desde un parlante. Mediante coordinación cruzábamos el puente, quedando solo un último trayecto compuesto por una poza de agua, una isla pequeña y otra poza algo más profunda antes de llegar a la orilla. Desafío que requería impulsar el vehículo sin detenerse, controlando el rigor del momento y la velocidad, hasta pasar, sacando aplausos de la comunidad que se sumó a terminar de sacar el auto de la orilla. Héctor Aguilera vivió 18 años en María Elena y viene de paseo todos los años a este balneario desde Antofagasta con la familia: “Siempre de María Elena veníamos al río a divertirnos y a apagar un poco la calor. El río Loa lo conocí de diferentes etapas. Hace poco pasó el tema de la lluvia del altiplano en febrero y acá hubo un crecimiento del río y ahí arrasó la mayor parte de la construcción que ya han hecho como balneario y los felicito, no cualquiera se arriesga a venir por este sector, es bastante complejo, con la incertidumbre de saber o no encontrar algún camino”. El cruce del Loa significa el final del viaje por la línea recta que deseábamos seguir. La noche, acompañada de la camanchaca, cubre el horizonte obligándonos a tomar el camino moderno hacia Tocopilla y conocer Cobija desde la costa, no como en 1999, cuando los autos del Raid Cobija-Calama, descendieron por la Cordillera de la Costa, usando la ruta hacia Michilla. COBIJA Los cerros de Cobija por donde bajaban los caravaneros hoy solo son sobrevolados por jotes de alguna buitrera costera. Las huellas de las carretas, impregnadas en zigzags, descienden desde las alturas al mar, donde un letrero artesanal de un pescador indica la llegada a la caleta que recorrimos, mirando sus ruinas, ubicadas al lado de cabañas equipadas con paneles solares. Hacia el mar encontramos a una familia numerosa que viene hace 20 años acá. Mario Donaire (63), trabajador de Puerto Angamos Mejillones, junto a sus cercanos, llevan cuatro días acampando. Los encontramos haciendo una fritanga de pescado y lapas. Al hablar sobre la ruta Calama-Cobija, nos dice que “si usted viaja desde Tocopilla a Mejillones, en varias partes hay caminos que llegan arriba. Tenemos Gatico, si usted va a Michilla, todo llega arriba. El mismo Mejillones. Tenemos el cerro, tenemos cualquier ruta ahí que se perdieron”. A su familia no le gustaría que cambie Cobija y se modernice como sucede con otros pobla- dos costeros. “Esto no es para crecer en el sentido de poner departamento, poner casa, porque perdería la esencia que está hoy día. Entonces la idea es que se mantenga”, dice Mario, ofreciendo lapas y so- paipillas al equipo que se pone contento. Siguiendo el recorrido por Cobija encontramos a Ricardo Pinto (68), alias “El Chila”, haciendo una red de pesca de tres telas: una delgada y dos gruesas que teje afuera de su cabaña. “Nosotros cuando llegamos acá ya no había nadie casi, las puras ruinas nomás”, cuenta. Cojinova, dorado y corvina es lo que más sale en Cobija, pero también “El Chila” saca lenguados y congrios. Revela que es oriundo de Tocopilla, pero prácticamente nacido y criado en Cobija, donde vive con su esposa Clara Chirino (59) y Carolina Pinto (38), su hija. “Del cerro, bajaban las carre- tas. Se transportaba el metal, el cobre con las carretas abajo y para arriba”, relata. Sobre si alcanzó a conocerlas, explica que “sí, había unas carretas antiguas que después se las llevaron. Las carretas murieron todas”. FIN DEL CAMINO Héctor Pumarino, en el capítulo La Carreta de Narraciones y Crónicas del Norte Andino, relata que la historia del Norte Grande está escrita con las ruedas de la carreta. El ferrocarril, circunscribiéndola a distancias de minas y entre pueblos y estaciones, la derrotó inicialmente, hasta que cayó vencida por la movilización motorizada, en una gallarda lucha de siglos que terminó por desplazarla hasta de las rutas más insignificantes, aunque fue la que abrió la totalidad de los caminos que hasta hoy aún se conocen con el muy justificado nombre de huellas. La Ruta Calama-Cobija en el 2025, para gente que no conocía el camino como nosotros, puede recorrerse. Fue algo arriesgado, pero logramos hacer esta anécdota, una experiencia que más allá de lo que quede en la revista, o en el video, es algo que podemos sacarlo en un tema de conversación más adelante y que pueda ser entretenido. El trayecto invita a maravillarse con la historia que resguarda, muy diferente a los caminos que recorren miles de personas en la región. Fuimos con vehículo y nos costó bastante. El recorrido del pasado a carreta, y a pie, nos habla de grandes esfuerzos que construyeron las vías actuales. Hombres y bestias que dejaron su vida, su sombra y legado en la nada. Aunque recorrer la nada puede resultar una obra de arte para algunos. “Un llamado al habitante del territorio, a quienes nos visitan, a conservar este camino tan significativo que fue parte del hombre del desierto. Está ahí guardado, en esos surcos que aún se conservan en algunos sectores, la huella de los primeros habitantes de la zona que nos dejaron ese legado de su presencia que nos ayuda a interpretar y a comprender lo que ha significado la presencia de miles de hombres que pasaron por el desierto de Atacama para llegar a nuestros días”, dice Osvaldo Rojas. CALLE COBIJA. Al final de la calle hay gitanos, tomas VIP y canchas arrendables para ir a jugar fútbol. Después empieza un parque eólico. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.