La ausencia de contaminación lumínica hace que Taltal tenga una vista privilegiada de los cielos. Tan así, que varios de sus habitantes han visto ovnis en las noches. Bush In Action viajó a la zona a conocer estas historias.

Por Sebastián Espinoza e I. Araya, desde Taltal. Fotos de Sebastián Fritis. 

No recuerda bien hace cuántos años fue. Contrastando testimonios, debe haber sido entre 1989 o 1990. Pero Carlos Reyes, quien trabaja actualmente en la municipalidad de Taltal, pasea por el muelle recordando el día en que, cuando estaba pescando junto a su primo cerca del sector de La Puntilla, vio un ovni.

Era de noche, pasadas las 8, recuerda. “Vi un objeto en forma de plato sobre mi en mi bote”, dice. Pensó que hasta ahí no más llegaba. Un objeto grande y poco luminoso que se quedó sobre sus cabezas, lejos de la costa. Carlos, hombre de mar, que en sus manos y su rostro se muestran cuanto tiempo le ha dedicado al trabajo, su voz áspera y golpeada, relata con detalles lo ocurrido, uno de los momentos más fuertes que le toco vivir en su vida.

Él acostumbra a salir a buscar congrio al mar, uno de los manjares de nuestras costas. “En el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne”, apuntó Pablo Neruda en 1971. El congrio es casi patrimonio de Taltal: es uno de los pescados más pedidos por la gente que vive ahí o los turistas que buscan comer sus grandes atractivos gastronómicos.

Esa noche había ido a un lugar secreto donde encuentra grandes especímenes. Siempre saca buena pesca ahí. El día desde un comienzo estuvo extraño, recuerda. “Se sentía una especie de pesades en el aire, una tarde nublada y muy fria”, detalla. Un clima así es muy poco común para el verano taltalino, que por sus climas y sus playas hermosas, lo hacen perfecto para veranear.

A eso de las 22:00 en pleno altamar, se siente algo extraño. Carlos le habla a su primo para decirle si el igual sentia lo mismo, cuando gira y lo ve, se da cuenta que está pasmado. No reaccionaba. Lo vio fijamente mirando al cerro, él gira y ve un platillo de unos 20 metros, de color gris brillante y con luces, el cual se mantenía estático a una distancia de unos 100 metros sobre en donde estaban ellos.

Carlos, como era la persona más adulta, trató de calmar a su primo, el cual no paraba de decir que iban a morir. “Hasta acá fue todo”, repetía. Carlos tratando de calmar a su primo, le dice que levante las redes y el ancla para irse. Cuando el platillo se mueve en forma muy rápida y sigilosa y se posa sobre ellos, ambos entraron en pánico y sin poder reaccionar. “Cuando lo vi arriba mio, supe que todo terminaría”, dice.

En ese transcurso, él se cuestionaba a sí mismo, sobre por qué a él le estaba ocurriendo esto. Pensó si no volvería a ver más a su familia, quienes estaban esperando por él en su casa. Ambos no fueron las únicas personas que lo vieron.

Javier Lemus recuerda que también vio un platillo volador en Taltal

Javier Lemus (36), técnico de la escuela que esta ubicada en la caleta, recuerda que era niño cuando ocurrió esto. Que estaba en el almacén que está en avenida Arturo Prat de la ciudad y que cuando iba saliendo, vio el disco el disco y mucha más gente de ahí le cuentan que él no fue el único que avistó ese objeto. Lo dejó marcado de por vida, y gracias a eso, hasta el día de hoy, se dedica a estudiar estos fenómenos extraños que no tienen explicación científica.

ESTUDIOSO DE LOS OVNIS

Elias Sola (27) es un joven que vive arriba, en Los Loros, sector alejado del caso urbano de Taltal. Desde pequeño se ha interesado en investigar los fenómenos inexplicables para la ciencia, desde los fantasmas hasta los ovnis.

Desde su casa ubicada a los alrededores de la ciudad, tiene una vista privilegiada de todo y una hermosa postal nocturna. Sin contaminación lumínica que es uno de los mayores males de la actualidad, lo que le ha permitido vivir y ver varios fenómenos inexplicables. No son solo cosas relacionadas a la naturaleza, si no, ovnis.

Él cuenta que ha visto varias luces o fenómenos que no tienen explicación científica y menos si la llevamos al poder de nuestra tecnologia, objetos que violan las leyes de la física que nos hacen desconocer su procedencia y que nos causa miedo. En sus caminatas por el desierto, Elías ha descubierto muchas cosas extrañas, desde cementerios de la época de la pampa hasta fósiles. Pero también ha sido testigo en primera persona de luces y platillos en el desierto que no lo han dejado con la boca abierta.

Es por eso que se ha dedicado a estudiar de manera propia, para encontrar una explicación a lo que ha visto. A veces se cuestiona si todo lo que sabemos o “conocemos” es real, sobre todo por el sistema de propulsión que tienen los objetos que ha visto que realmente no tienen lógica. Pero si algo fuera de este mundo, no se extraña que ellos puedan desarrollar otra tecnologia que para nosotros sea inexplicable, o también piensa que alguno de las cosas que vemos como objetos voladores, puede ser tecnología militar secreta.

Esto es común. Cuando se lanzaron los bombarderos F117 en la operación “Tormenta del desierto”, eran avistados estos extraños aviones con forma triangular y de color negro. En ese entonces, la gente pensaba que eran extraterrestres.

A sus 27 años, Elías Sola suele recorrer cementerios de la pampa y estudiar el origen del fenómeno ovni

Esto quizás pueda pasar con las cosas que vemos, aunque él tiene una teoría más llevada al término que hemos sido siempre y somos visitados por extraterrestres. Ellos, dice, han propiciado nuestro gran y rápido desarrollo armamentístico, desde la creación de la tecnología hasta los avances que tenemos a nuestra disposición.

Calculando en términos astronómicos, es muy poco probable que podamos ser visitados, a no ser que se rompan las reglas generales de la física, como viajar en un agujero de gusano, que hipotéticamente podrían existir. Cosas que unen y curvan el espacio para acceder más fácil.

Cabe destacar que la estrella más cercana “Próxima Centauri” está a 4 millones de años luz. Con el objeto más rápido construido, la sonda “New Horizons”, nos demoraríamos algo así como 18 mil años en alcanzarla. Y si viajásemos a la velocidad de la luz, que es imposible según nuestra tecnología y nuestro cuerpo humano, nos demoraríamos 4 años y 3 meses en llegar.

Elías, en el silencio de su campo en los alrededores de Taltal, mira hacia el cielo estrellado. Para que nos visiten otras civilizaciones, deberían haber viajado todo ese tiempo en el espacio. Esto, para nuestras células o organismos vivos que conocemos, es casi imposible. Al alcanzar la velocidad de la luz nos desintegraríamos uwu.

Una vista panorámica de Taltal que destaca por la belleza de sus noches para apreciar fenómenos ufológicos

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