Femicidio es el “asesinato de una mujer por razón de su sexo”, como una forma de violencia machista. Desde los años 80, la ciudad se ha conmovido con una serie de brutales femicidios en contra de mujeres que rellenaron páginas de diarios, pero que después se diluyeron en la memoria tan rápido como las portadas.

Por Asaf Araya

Juanita Guajardo, la mujer fondeada

Los ochenta, época de rock latino, cabello voluminoso, mucho maquillaje y una dictadura militar que hacía desaparecer a unos cuantos. La mañana del 21 de febrero de 1983, Antofagasta se estremeció con el titular “Un crimen espantoso”, donde se explica que encontraron a una mujer desconocida, frente a los contenedores de petróleo de la avenida Edmundo Pérez Zujovic. La mujer estaba envuelta en una lona amarilla, con un riel amarrado a su cintura. Con ese mismo riel intentaron “fondearla”, pero lo único que lograron fue ahogarla.

Muerte por inmersión fue el resultado de la autopsia del cadáver que aún no tenía nombre. Al pasar los días, se descubrió que la mujer se llamaba Juanita Guajardo, quien trabajaba de peluquera y a la vez, de bailarina. Era una mujer que había llegado a laborar al norte como muchos, buscando una vida mejor.

CADÁVER. El cuerpo desfigurado de Juanita Guajardo apareció flotando en la playa. Arriba, su animita en la costa.

Dos años después el único sospechoso salía libre, por no haber pruebas su cientes en su contra. En la comunidad aún se habla de que el supuesto asesino de Juanita era un uniformado, que había enmascarado el crimen con sus compañeros. Hubo otras hipótesis populares que involucraban a empresarios poderosos en la época. Nunca se supo si fue un crimen pasional, o la mujer sabía mucho de las andanzas de personajes locales. Esas sospechas nunca fueron confirmadas.

Exactamente dos años después del descubrimiento del cuerpo, Juanita hizo su primer milagro. Una niña de aproximadamente dos años, que sufría de una “rebelde invalidez”, pudo sanar. Su tío, de rodillas, le agradeció en la animita que brillaba por la luz de las velas que devotos creyentes habían colocado. Hoy existe una floreada gruta que la inmortaliza, justo frente donde encontraron el cuerpo, que está llena de placas con personas agradecidas por los milagros de Juanita.

Celia y Jeimy, las mujeres del bazar

Ya se cumplieron 13 años desde que Antofagasta despertó con uno de los crímenes más desgarradores que ha visto esta ciudad, el asesinato de la pequeña Yeimy Alejandra Loayza, de 4 años, y de Celia del Rosario Legua, de 27 años, quien trabajaba como dependiente del Bazar Glorita, en calle Matta 2723.

Un personaje, bautizado por la prensa como “monstruo del martillo”, atacó a ambas víctimas el viernes 16 de febrero de 2005, y sin duda, fue uno de los crímenes más estremecedores. Celia del Rosario recibió trece martillazos en la cabeza, dos en la cara y seis en los brazos y el tórax; mientras que su sobrina Jeimy, recibió siete impactos del martillo, todos en la cabeza y el rostro.

Dos sujetos, uno de 25 y otro de 40 años, aproximadamente, habrían sido los autores del brutal homicidio, sin embargo, la scalía nunca determinó la responsabilidad de éstos.

La conocida parasicóloga Margarita Marín reconoció que se emocionó al entablar contacto con los espíritus de Celia y Jeimy, en el mismo lugar donde murieron. De esa comunicación, que fue avalada por la PDI, se relataron los siguientes hechos:

dos antisociales que estaban bajo los efectos de las drogas, esperaron que cerrarán el bazar. Celia, conociendo a uno de ellos, actuó con confianza y le permitió la entrada. Una vez en el interior, le pidieron dinero. Luego comenzó una discusión, que se tornó violenta. “Ella se defendió y la niña (Jeimy) corrió hacia atrás”, dijo la vidente.

“Ella siempre protegió a la niña y cuando más lo hizo, más la golpearon”, relató Margarita Marín. Incluso, Celia aún se lamenta de no haber podido salvar a la pequeña de cuatro años.

Karen Wilson, la mujer que no pudo dejarlo

El 2 de marzo de 2016, la profesora de biología Karen Wilson Villagrán, de 31 años, fue asesinada salvajemente por su cónyuge Ricardo Huerta Ávalos de 37. La docente habría dejado el hogar ese mismo febrero con la intención de pedir el divorcio, a lo que él se opuso tenazmente. La agredió y ahorcó, lo que generó su muerte.

Ricardo Huerta, quien al otro día de los hechos llegó en auto hasta la Segunda Comisaría de Carabineros para entregarse voluntariamente a la justicia, reveló que el cadáver de su ex pareja se encontraba en el asiento del copiloto de su vehículo. El, en un acto macabro, la paseó muerta por la ciudad.

Karen Wilson, según explicaron testigos, había notificado a Ricardo a mediados del año 2015 su intención de terminar la relación. Ante esta noticia, el asesino reaccionaba de forma dual, algunas veces afirmaba que jamás aceptaría el término de la relación y en otras ocasiones, decía que se iría del hogar.

La madre de la víctima a rmó en el juicio que “un día antes del homicidio, él (Ricardo) aseguró a la víctima que abandonaría la casa”. Según narraron testigos, Ricardo les decía sus hijos que su mamá “era mala, que tenía un pololo, y que por eso ya no los quería, que éste se transformaría en su nuevo papá y que él nunca más podría verlos”.

Familiares de la víctima dijeron que durante la época universitaria de la pareja, él le prohibía que tuviera amigas y para impedir esta situación la iba a buscar todos los días a la salida de clases.

El enigma de Ximena Cortés

El 27 de marzo de 2017, Ximena Cortés Rojas (32) fue encontrada agonizante en el baño de su casa, en la base aérea de Cerro Moreno de Antofagasta. Tenía diversas heridas de alta gravedad. A un año y medio del caso, la madre de la joven está convencida de que su hija no se mató y que se está encubriendo un crimen. “Desde el primer minuto los doctores nos dijeron ‘esto no se lo hizo ella’ y quedamos en estado de shock, pero con el afán de quedarnos con los niños, sacarlo del lado de esta persona, solo nos dedicamos a preocuparnos de mi hija”, recuerda Ruth Rojas.

 

La estudiante Cecilia Julio

El 27 de noviembre del 2010, Cecilia Julio Bolados, estudiante de enfermería de 21 años, desapareció camino a su casa. En ese trayecto fue atacada por un hombre que fue denominado como el “Chacal”. Desde ese momento, la ciudad estuvo pendiente del paradero de la joven. La familia y la prensa realizaron una fuerte campaña en pos de hallar algún rastro de Cecilia.

CECILIA. La estudiante de enfermería fue sepultada en la región de Atacama, de donde era originaria.

En la nochebuena, de ese mismo año, la familia de Cecilia fue informada sobre el hallazgo del cuerpo. Los restos de Cecilia habían sido encontrado en la ruta que conecta Mejillones, con la Panamaricana. Por esa ruta circulan con frecuencia vehículos industriales.

Luego de varios días de investigación y análisis en el cuerpo de Cecilia, los peritos lograron establecer que sus uñas contenían el ADN del atacante, que al compararlo con los tres sospechosos del crimen, este coincidió con uno de ellos, en un 99,9%.

Daniel Rojas, de 42 años, ya tenía antecedentes por ataques sexuales y había salido de la cárcel unas pocas semanas antes. Todas las pruebas lo señalaban como el asesino de Cecilia Julio Bolados. El hombre declaró a carabineros que todo fue un accidente, según él, la atropelló por lo que se asustó y como cualquier persona normal, dijo, decidió ocultar su cadáver fuera de Antofagasta.

Lorena Carrasco, ahorcada

José Rojas confesó a un amigo haber golpeado y asfixiado a Lorena Carrasco, de 32 años, con quien se casó en 2013. Ella fue encontrada en el interior de un centro oftalmológico de Antofagasta. La mujer desapareció la tarde del lunes, tras acudir a una audiencia de mediación con José Rojas, para discutir una pensión alimenticia para sus dos hijos.

Él se retira a comprar cigarros y ella se va del lugar, ante esto Rojas la invitó a conversar y arreglar la situación. Así se dirigieron a la clínica donde él trabajaba. Desde que salió de su casa que se perdió todo rastro de la mujer, razón por la cual familiares presentaron una denuncia por presunta desgracia.

En ese lugar, según La Tercera, “el hombre le pidió pasar más tiempo con sus hijos, pero ella le respondió que se trasladaría a Santiago, junto a ellos y su ex pareja, una vez que la situación se regularice”.

EX ESPOSO. La mujer fue asfixiada por su ex marido luego de discutir por pensiones alimenticias para los hijos.

Ella intentaba salir del lugar, siendo retenida por el padre de sus hijos. Ella le pegó una cachetada y él la tomó del cuello. Ambos cayeron al piso. El la asfixió. Esta es la parte donde el asesino, se excusa, y dice que se “le apagó la tele”. No la soltó hasta que se dio cuenta de que ya había matado a Lorena, por lo que lloró en posición fetal alrededor de una hora, junto al cadáver de su ex. Cuando se secó las lágrimas movió el cuerpo a la bodega, y dejó su cartera en un basurero.

El hombre llamó a un amigo para decirle “que se había mandado un condoro”, pero éste lo denunció ante Carabineros y les explicó cómo encontrar el cuerpo.

 

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