Juan José y Alexander estudian ingeniería civil en computación e informática, la 15va carrera más rentable del país. Juan José lo hace en la mejor universidad; Alexander, en una de las peores. El primero ya aseguró su futuro al lograr realizar su práctica profesional en Facebook. El otro, sueña con algún día poder tener un deportivo de lujo.

Por Daniela Riveros y Sebastián Palma desde Santiago.

Juan José (23) (su nombre ha sido cambiado) está nervioso. Es su tercera y más importante entrevista con un ejecutivo de Facebook. Intenta conseguir ser seleccionado alumno en práctica en la millonaria empresa de Mark Zuckerberg. Está en su dormitorio junto a su computador, la herramienta con que aprendió a programar cuando tenía apenas 14 años y que lo llevó a estudiar Ingeniería Civil en Computación en la Universidad Católica. Espera que Skype haga el sonido que le anuncie el comienzo de la prueba más importante de su vida.

La notificación llega. -¿Are you ready?, pregunta un ingeniero desde la oficina central de Facebook en Menlo Park, California. -I’m ready, responde con un perfecto inglés, desde el otro lado de la pantalla.

Juan José pertenece al segmento económico más privilegiado del país. Vive en Lo Barnechea, a solo 800 metros de uno de los colegios más caros de Santiago, allí estudió junto a sus cuatro hermanos. Su padre, un abogado con estudios en el extranjero, dirige una exclusiva firma de asesoría jurídica. Con su trabajo pudo costear los más de 2 millones de pesos mensuales que significó la educación secundaria de todos sus hijos. Y hoy, continúa pagando la educación universitaria de tres de ellos.

Su madre, fue parvularia de un exclusivo colegio de Las Condes durante más de 15 años, pero hace seis que no trabaja. Fue la más orgullosa al ver los puntajes de la Prueba de Selección Universitaria (PSU) de su hijo mayor.

Juan José obtuvo 755 en Matemáticas, 766 en Lenguaje y 727 en Ciencias, números que le permitieron entrar a la universidad que quería, la Católica.

A pesar que en su colegio no tuvo ningún curso relacionado con computación, al llegar a la universidad, Juanjo aprobó todos los ramos. Siempre tuvo curiosidad por la programación y asistió a charlas extras impartidas por su universidad. Una de ellas fue el año pasado, Facebook se presentó en la UC. Tras escuchar, Juan José no dudó, quería trabajar allí.

Lejano a la realidad de los colegios emblemáticos de la elite nacional, se encuentra Alexander Manríquez (25). Quien realizó su colegiatura en el Liceo particular subvencionado José Abelardo Núñez de Huechuraba, perteneciente a la red de colegios JAN -la misma que el año 2014 fue acusada por El Mostrador de triangular fraudulentamente más de 253 millones de pesos mediante asesorías educacionales irregulares-. La mensualidad de su liceo no superaba los 15 mil pesos.

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Foto referencial.

Pese a que Alex –como le gusta que le digan- ha vivido toda su vida en La Granja, estudió en Huechuraba -a más de 22 kilómetros de su casa- debido a los apremios de su madre Anita Muñoz. Ella es técnica en párvulos, pero a diferencia de la mamá de Juan José, no enseña a los niños más ricos del país sino que a los del establecimiento Las Azucenas, un jardín de la JUNJI ubicado en la población La Pincoya: una de las más vulnerables de Chile y bastante cercana al Abelardo Núñez. “Ella veía tantas cosas feas que siempre quería estar cerca de mí y de mi hermana”, recuerda Alexander.

Anita también fue la primera en conocer los resultados PSU de su hijo: 386 en Lenguaje, 376 en Ciencias y 424 en Matemáticas, su materia fuerte. Ella junto a su esposo Miguel Manríquez, que en esa época trabajaba como carpintero en la construcción con apenas un cartón de enseñanza básica, le dijeron que tenía que estudiar ya que sin educación no sería nadie y que no tendría plata. Así es como Alexander Manríquez, con solo 392 puntos ponderados, ingresó al Inacap a estudiar Ingeniería en Computación e Informática, la 15va carrera más rentable de Chile.

BUSCANDO PEGA

El programador de Facebook que lo llama por Skype es el prototipo de geek asiático joven e informal que muestran las series estadounidenses. Lleva tres años trabajando allí y está encargado de medir las aptitudes de postulantes de todas partes del mundo. Ahora conversará con el chileno.

“La entrevista dura 45 minutos. Hay tiempo para conversar al principio y al final, pero el grueso de la conferencia consiste en la resolución de dos problemas de programación. Hay que codificar las soluciones, mientras el ingeniero de Facebook observa y hace preguntas sobre el proceso. No es difícil, pero me pone un poco nervioso. Resultan complicadas de resolver en tan poco tiempo”, explica Juan José.

Según Brandwatch, Facebook es la quinta compañía de mayor valor en mundo, tasada en 321 billones de dólares y con 12 mil 691 empleados. Gizmodo, sitio especializado en tecnología, dice que un pasante de Facebook gana cerca de 6.200 dólares mensuales. Nunca antes un estudiante chileno ha logrado realizar su práctica profesional en la red social más conocida del mundo, pese a que en el año 2010 cerca de 50 estudiantes presentaron una solicitud a la empresa. Tres días después de la entrevista Juanjo, recibió un llamado desde Brasil. Un hombre de Recursos Humanos llamado Fernando le anunció con un alegre acento carioca que había sido aceptado para trabajar durante tres meses en la central de Facebook en Menlo Park, California.

Pese a la facilidad con la que Alexander ingresó a estudiar al Inacap, mantenerse en el Centro de Formación Técnica le resultó imposible. Primero, porque el nivel de exigencia fue superior al que el estudiante estaba acostumbrado en su colegio. Y segundo, por los problemas financieros de su padre. Quien pese a haber obtenido el cuarto medio a sus 40 años -en un dos por uno- y encontrado trabajo en una minera en la Segunda Región, no supo administrar sus finanzas. “Hubo un momento en el que temimos que nos embargaran la casa por las deudas”, recuerda Alex.

Tras un año de trabajos esporádicos, Alexander -que según el índice 20/20 pertenece al segundo quintil socioeconómico del país- pudo ingresar a un centro de estudios que se moldeaba a sus capacidades: la Universidad de las Américas. La que para el año 2013 no exigía puntaje PSU y que recién en 2016 volvió a ser acreditada por el Estado.

Las autoridades de la institución reconocen que el perfil de los alumnos es de un estrato socioeconómico medio bajo. Y asumen que su función es la de posibilitar la formación profesional de jóvenes que normalmente no tendrían acceso a la universidad.

A Alexander, le costó un poco al principio y de hecho pese a estar en su último año de universidad, aún cursa ramos iniciales de la carrera. “Alex es un estudiante súper esforzado, sé que estudia con el Crédito con Aval del Estado (CAE) y veo en él y en sus responsabilidades una especie de figura paterna. En mi clase tuvo al principio sus pequeñas caídas, pero después se puso las pilas y ahora es una de las notas más altas”, cuenta uno de sus profesores, Rodrigo Casanova.

NIVELACIÓN

Las dificultades pedagógicas para nivelar a Alexander y sus compañeros, son compartidas por la directora de la Escuela de Tecnologías de la Información, Tania Gallardo. “La UDLA se intenta hacer cargo de las falencias que traen nuestros estudiantes desde el colegio. Yo asumo que a todos nuestros alumnos, por su perfil de ingreso, les cuesta mucho más que al alumno promedio. He hecho clases en primer año en las universidades de Chile, Católica y en otras instituciones y sé que a nuestros estudiantes les cuesta más”.

Juan José siempre estuvo seguro de que entraría a la empresa de Mark Zuckerberg. No presentó solicitudes de práctica en ninguna otra institución, pese a que en el invierno del Hemisferio Norte Facebook recibe solo a 200 postulantes de todas partes del mundo. Dice que su formación y círculo socioeconómico influyó en este logro, aunque asume que el mayor mérito viene de su parte.

“Más que el colegio en el que estudié, la mayor influencia viene del ambiente en el que me crié, el que facilita estos logros. La base pudo haber influido en mi buen puntaje PSU, pero mi buen desempeño en la universidad, viene de mi esfuerzo”, dice Juan José.

En eso coincide Alexander. “Si sales de un colegio caro tienes más posibilidades, pero eso yo lo asocio a los pitutos, no a las capacidades. Aunque uno venga de colegio municipal puede hacer grandes cosas, quizás con más esfuerzo y dedicación que a los que les toca más fácil, pero se logra igual”.

Lo que no ha coincidido, han sido los estímulos recibidos por parte de sus casas de estudio. Una gran cantidad de charlas laborales impartidas por las marcas más reconocidas del mundo, junto con un generoso número de estudiantes que realizan su práctica profesional en el extranjero –alrededor de 36 en todas las ramas de ingeniería, según lo que señala Ricardo Vilches Subdirector de Asuntos Estudiantiles- es lo que promueve la Universidad Católica. Una realidad que desde la Universidad de Las Américas, reconocen lejana.

“De los dos años que llevo como directora de la Escuela de Ingeniería, jamás un alumno de la carrera ha hecho su práctica en el extranjero”, admite Tania Gallardo.

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Estudiantes de la Udla

Es más, según Alexander, lo común sería realizar la práctica en pequeños negocios locales como por ejemplo «una fábrica de puertas, o compañías familiares». Pero nunca nada parecido ni cercano a una gran empresa de tecnología y desarrollo informático.

Esta disparidad en la calidad académica, se refleja también en los números. Los alumnos de Ingeniería Civil en la UC, provienen en un 76 por ciento de colegios privados y el puntaje promedio de ingreso, es de 740 puntos. Mientras que en la UDLA, el 92 por ciento proviene de colegios subvencionados por el Estado. Más de la mitad de ellos son los primeros de sus familia en ingresar a la universidad. Y cerca de un 60 por ciento financia sus estudios mediante créditos y becas, sin olvidar que solo la mitad de sus carreras se encuentran acreditadas. Ingeniería Civil en Computación e Informática, no es una de ellas.

Los números no mienten, así como tampoco lo hace la realidad socioeconómica de cada uno. Juan José vive en los faldeos de la cara norte del cerro Manquehue. El diseño de las tres plantas de su casa, permite ver en plenitud casi todo el gran Santiago. En su calle el Transantiago no registra recorridos. Por su parte, el barrio de Alexander Manríquez se compone por un sin número de pequeños pasajes con casas pareadas de diferentes colores y locales comerciales familiares, de comida rápida y almacenes. Solo en el paradero de la esquina de su casa, pasan seis recorridos de la micro.

En el barrio de Juanjo abundan los arboles silvestres y las áreas verdes; en el de Alex el concreto y el tendido eléctrico son los protagonistas. El primer hogar cuenta con una sala de juegos y otra de estar, cinco habitaciones y un amplio jardín con piscina; el segundo, representa la típica casa de la clase obrera chilena, esas que se parecen a la de un lado y la del otro. Cuenta con una gruesa reja de 1.90m de alto, esas que te hacen pensar que en cualquier momento una señora saldrá a barrer o a regar la calzada.

En su infancia Juanjo nunca vio un arma; Alex en cambio, presenció en varías ocasiones cómo sus compañeros llevaban pistolas hechizas al liceo. “Las alumbraban a cada rato”, recuerda. Todos los compañeros de Juanjo entraron a la educación superior; pero de la generación de Alexander solo llegaron unos cuantos.

Según el Índice de Calidad de Vida Urbano que cada año lanza la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), Lo Barnechea es la séptima comuna con mejor calidad de vida del país. Mientras que La Granja ocupa el lugar 79 de 93 comunas analizadas.

La selección de Juan José en Facebook no es azarosa, él considera que solo los alumnos de ingeniería de la Católica, la Chile o la Federico Santa María, se encuentran capacitados para realizarla. Asegura que el nivel de las otras casa de estudio no es suficiente. El análisis no parece tan descabellado.

La UDLA por ejemplo solo tiene dos cursos de inglés, los que Alex pudo aprobar pese ha haber promediado un 4,5 en la asignatura en su colegio. El manejo de este idioma es fundamental para el desarrollo de incluso, las programaciones más básicas en el mundo de la informática. “Toda la documentación de los programas está en inglés y es requisito saberlo, sino lo manejas estás muy mal”, explica el estudiante de la PUC.

“Creo que el objetivo de la Universidad Católica de sobresalir entre las universidades chilenas se quedó chico. Ahora el foco está puesto en competir con las mejores universidades del mundo destacando en los rankings internacionales”, señala Juanjo. Afirmación comprobada por el Ranking QS 2015, el que posicionó a la Escuela de Ingeniería UC como la mejor escuela del país en la disciplina “ingeniería y tecnología” y la tercera en Sudamérica.

Por su parte la Universidad de las Américas, no registra apariciones en ningún ranking reconocido desde el año 2014, cuando ocupó el lugar 41 de las universidades de Chile según el Ranking de la Revista América Economía. Con respecto al futuro, Juanjo tiene las cosas claras. Le gustaría trabajar unos diez años en una empresa reconocida a nivel mundial, aprender todo lo posible y crear su propio emprendimiento. Su voz suena más fuerte cuando dice “Quiero tener una empresa de desarrollo que le solucione los problemas a otras compañías”. Está convencido de que será capaz de hacerlo.

-Alexander, ¿cuál es tu sueño cuando te titules?

-Me gustaría trabajar en una minera. Pero mi gran sueño siempre ha sido tener un auto deportivo. Me gusta el Lamborghini verde que está sorteando la Piccola Italia.

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